Lo que está sucediendo en muchas partes del mundo, es el resultado de una lucha abierta a sangre y fuego por el poder, unos lo quieren y otros no están dispuestos a entregarlo aunque les cueste la vida y lleven décadas gobernando y usurpando las riquezas del pueblo. Algunas investigaciones han dado como resultado que la mayoría de estos gobernantes han acumulado grandes fortunas, mientras la comunidad padece hambre y miseria.
La fiebre del poder se ha apoderado del planeta y es normal que algunos lo quieran, la pregunta es ¿por qué? y ¿para qué? lo quieren. Ciertas teorías afirman que cuando estas personas llegan al poder cambian, se transforman totalmente. El (la) señor(a) amable que antes saludaba, ya no saluda, anda siempre de afán, ahora le gusta que lo (la) llamen doctor(a), es arrogante, siempre tiene una disculpa para no atender, no contesta el teléfono y ya no tiene tiempo para los lamentos de una sociedad doliente. Pero la verdad es otra, no es que estas personas hayan cambiado, solo que para algunos seres humanos les es fácil ocultar su verdadera personalidad, aparentan ser unos fervientes servidores, prometen justicia social, pregonan el amor y hasta regalan plata, pero en el fondo son falsos, soberbios, orgullosos y codiciosos. Un sabio antiguo afirma “que cuando los valores de la honestidad, sencillez y amor por la humanidad han sido cimentados sobre columnas sólidas, estas permanecerán erguidas a pesar de las duras tempestades de la vida.”
Esto conlleva a reflexionar que hoy aunque muchas almas tienen fiebre de poder, no todas están preparadas para asumirlo, más aún cuando tienen como objetivo la opresión y el enriquecimiento personal. Es comprensible que si llegasen a gobernar el resultado sería el fracaso, porque con sus acciones no solo desafiarían el poder divino, sino también traicionarían la fe y la esperanza de una sociedad sedienta de necesidades. Finalmente afirma aquel sabio que “aquellos que gobernasen y malgastasen las riquezas del pueblo, nunca volverán a tener los tesoros más valioso que pudiese tener el ser humano: La paz interior, la libertad y la felicidad”.